Maneki Neko

8 Feb

La leyenda del Maneki Neko:

En el siglo 13, había un templo pobre y derruido en Tokio. El sacerdote del templo era muy pobre, pero él compartía todo lo poco de comida que tenía con su gatito, Tama.

Un día, un hombre adinerado e importante encontró en una tormenta mientras estaba cazando se refugió bajo un árbol grande cerca del templo. Mientras él esperaba que pasara la tormenta, el hombre vió a un gato que lo llamaba adentrarse e la verja de templo. Se sorprendió así que dejó el resguardo del árbol para poderse acercar más a este gato raro. En ese momento, el árbol cayó fulminado por un rayo.
Gracias a esto, el hombre rico se hizo amigo del sacerdote y su gato, donó grandes cantidades de dinero al tempo y nunca volvieron a tener hambre.

Cuando el gatito Tama murió, fue enterrado en el cementerio de gatos del templo de Goutokuji con gran respeto y amor, y el Maneki Neko fue erigido en su honor. Un Maneki Neko en el trabajo, la casa o tu website trae buena suerte a sus visitantes.

Maneji Neko es Japonés y significa "el gato que llama". El mensaje que lleva en su mano dice "Por favor, entra. Eres bienvenido" y suele mostrar un gesto como de llamada con la otra pata. (En Japón, el gesto de llamada es algo diferente de los países occidentales).

Clasificación de los Maneki Neko:

Según la pata que levanten: la izquierda invita a personas, y la derecha al dinero o a la suerte.

Según el saludo de la mano

: los japoneses saludan mostrando la palma de la mano y los americanos lo hacen enseñando la parte posterior.

Según el color, de mayor a menor popularidad puede ser: tricolor (el más afortunado y el que da más suerte); blanco, ya que es el color de la pureza; negro, siendo éste utilizado como talismán contra el mal; y por último, el maneki neko naranja, que aleja las enfermedades y los malos espíritus.

Existe otra versión

Hay otra versión sobre el origen de los Maneki Neko, que es la siguiente:

"En un atardecer, un príncipe regresaba a caballo a su castillo por un bosque, cuando de repente se atravesó un gato que se paró frente a su brioso caballo. El príncipe, que como todos los japoneses amaba a los gatos, para no lastimarlo detuvo su caballo y lo dirigió hacia un lado del camino. Pero el gato se paró una vez más impidiéndole el paso; entonces el príncipe se hizo para el lado contrario y el gato por tercera vez se colocó frente a él. Al ver la insistencia del gato en su deseo de impedirle el paso, el joven se preguntó qué era lo que estaba tratando de decirle. Como si el gato le hubiera leído la mente, lo llamó con su mano hacia una vereda y el príncipe lo obedeció. La vereda conducía a un pequeño templo abandonado y como ya comenzaba a oscurecer, decidió pasar allí la noche.

Desde el templo, su escolta descubrió que en el camino en que iban, les habían tendido una emboscada para matar al príncipe. Este, en agradecimiento a aquel que lo había salvado, mandó reconstruir el templo y mantener a los gatos que ahí vivían".


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